¿Qué es la OBEDIENCIA?
Obedecer es aceptar y cumplir la voluntad de otra persona que está por encima de nosotros en una determinada situación. Esa persona puede ser nuestro padre, nuestra madre, nuestro profesor o algún compañero que hayamos elegido como coordinador en un juego o actividad.
Y tú ¿qué dices?

“Es una virtud de humildad, pues hacemos lo que nos piden que hagamos” (Erika Zavala – Profesora Comunicación)

“Es algo que debemos cumplir para poder llegar a ser mejores personas” (Daniela Diaz – 1ro Secundaria)

“La obediencia es respetar a los mayores y hacer lo que nos piden” (Walter Medina – 4to Secundaria)

“Obedecer es seguir las órdenes de una persona, es un valor que se debe practicar. Es también seguir las normas” (Sebastian Rospigliosi – 6to grado)

“Es hacer caso a las personas, como una muestra de respeto debemos seguir lo que nos dicen” (Xiomara Escobedo – 5° grado)

“Es hacer lo que dice la profesora y mi mamá” (Jack Tohalino – 2° grado)

“Es hacer caso a lo que me dicen, con respeto y sin enojarme” (Milagros Mora – 4to Secundaria)

“Obedecer es respetar las indicaciones y valores de las personas, siguiendo las normas” (Percy Ortiz – Profesor 6° “B”)
PARA LOS NIÑOS:
A través de esta historia comprenderás la importancia de obedecer.
EL PEQUEÑO COLIBRÍ

El pequeño colibrí azul se sentía triste y cansado. Se perdió cuando viajaba con su familia en busca de un lugar más cálido donde pasar el invierno, y cuando entró la noche, después de mucho tiempo buscándolos sin ninguna suerte, se resguardó en una pequeña cueva que encontró en la montaña. Dentro sólo había unas cuantas ramas y hojas secas llevadas por el viento. Aunque alimentarse no era algo que a él le preocupara, ya que siempre había sido muy hábil para esta tarea, el no saber si volvería a ver a sus seres queridos le entristecía profundamente.
-No te alejes de nosotros cuando migramos a otro lugar-, le repetían siempre sus papás. Pero él se emocionaba con todas las cositas que descubría durante sus viajes, y se quedaba boquiabierto contemplando esas maravillas, batiendo sus pequeñas alitas encima de cada tesoro, mientras los demás seguían su camino sin percatarse de su falta. Aquel día mientras volaban vio un destello de luz, un reflejo que salía de entre los árboles y sin darse cuenta fue perdiendo altitud y acercándose para ver qué era aquella hermosa luz. Entonces descubrió un enorme y precioso lago de aguas cristalinas que le dejó totalmente sorprendido.
-¡¡¡Uauuu!!!- Exclamó, viéndose reflejado en el agua. -¡¡¡Que maravilla!!!!-
Él nunca había visto nada igual. El sol empezaba ponerse y sus rayos en el agua aparecían como brillantes reflejos dorados que casi cegaban, convirtiéndolo en un cuadro espectacular.
Allí correteó por encima del agua jugando con su reflejo, utilizando como espejo las quietas aguas donde contemplaba las blancas nubes deslizándose por el cielo. No se dio cuenta de que el tiempo pasaba y cuando de pronto alzó su vuelo llamando a su familia para enseñarles lo que había descubierto, vio que su llamada no era respondida, y que sus papás y sus hermanos habían seguido su vuelo, y donde estaban ahora ya no podían oírle.
De pronto un enorme temor se adueñó de él. De sus ojos desapareció toda esa belleza y sólo escuchaba ruidos extraños que cada vez aumentaban más su miedo y su malestar. Unos gritos de aves desconocidas resonaban por el bosque, y todo lo que antes parecía bello se convirtió en algo tétrico y fantasmal. El sol ya casi no alumbraba y temía quedarse solo en el bosque, así que salió volando en busca de su familia. Pero la noche entró y él seguía solo. Buscó entonces un lugar donde cobijarse y allí pasó la noche. Con las hojitas que había en la cueva se hizo una camita un tanto ruidosa, ya que las hojas estaban secas pero por lo menos le dieron un poquito de calor para esa noche. Al día siguiente cuando despertó no recordaba que se había perdido, pero pronto al levantarse recordó lo que había sucedido, y empezó a preocuparse.
-¡Oh, Dios mío! ¿Qué voy a hacer aquí solo? ¿Dónde está mi familia?- Y pronto descubrió cómo les echaba de menos.
Sus papás siempre le repetían que si algún día se perdía lo que tenía que hacer era no alejarse del último lugar por donde habían pasado todos juntos, ponerse en un lugar suficientemente alto como para que pudieran verle cuando volvieran a buscarle, y que nunca dejara que el miedo le impidiera ver la realidad.
-¡¡¡Es verdad!!!!- Dijo cuando recordó. -Mis papás me dijeron qué tenia que hacer si me perdía así que no tengo nada que temer, mi familia me está buscando y pronto nos reuniremos-.
Así que salió de su cuevecita despidiéndose de ella y dándole las gracias por haberle ofrecido cobijo esa noche. De nuevo todo volvía a ser hermoso, y la seguridad de que encontraría a su familia le hacia volar feliz y alegre por unos parajes totalmente desconocidos para él. Pronto encontró de nuevo el lago por donde volaron la última vez, y allí buscó el árbol más alto y se posó en una de sus ramas. Mientras esperaba, empezó a canturrear y poco a poco se fueron añadiendo a su canción todos los pajarillos que habitaban por esos entornos. Él les contó que se había perdido, y decidieron cantar muy muy fuerte para que todo el que pasara pudiera oírles. Pronto su canción se podía escuchar desde muy lejos, lo que ayudó a su familia a encontrarle más rápidamente.
Después de aquel día, nuestro pajarillo se había hecho más sabio. Ahora sabía que tenía que advertir siempre a su familia cuando se alejaba de ellos durante sus viajes. Sabía también que durante el camino de la vida encontraría a quienes le ofrecieran su ayuda, y lo más importante de todo, descubrió que cuando el miedo se apoderaba de él las cosas más hermosas podían parecer las más terribles.
Autor: Rosa María Roé
PARA LOS JÓVENES:
¡Cuánto nos cuesta a los jóvenes obedecer!
En realidad no es fácil, sobre todo cuando sentimos incomprensión y falta de libertad para elegir lo que consideramos bueno para nosotros. Cuando somos jóvenes nos creemos superhéroes y capaces de alcanzar lo inalcanzable, y aunque la intención sea buena debemos ser más realistas en lo que anhelamos, para poder alcanzarlo.
Entendemos lo que nuestros padres quieren de nosotros, sin embargo ellos no alcanzan a entendernos. No es difícil obedecer, lo que sucede es que los adultos piensan que son infalibles y que todas sus “advertencias” debemos tomarlas en cuenta.
Obedecemos cuando creemos que todo está bien y cuando la obediencia no nos demanda esfuerzo, pero si el hecho de obedecer significa realizar algún sacrificio de nuestra parte (como: tiempo o dejar alguna actividad que estamos realizando), entonces vienen los conflictos.
Muchas veces nos deslumbramos por lo que está a nuestro alrededor y nos olvidamos, no sólo de la prudencia, si no especialmente de la obediencia. Hay que entender y darnos cuenta que las normas y reglas están hechas para guardar el orden y sobre todo la dignidad y el respeto de todo ser humano, cuando las trasgredimos siempre lastimamos a alguien, si es que no es a nosotros mismos.
¿Qué podemos hacer? Algunos consejos:
No olvides comunicarte con los demás y dar siempre tu punto de vista, tu opinión es importante pero no significa que siempre tengas la razón.
Reconoce la satisfacción que te da la obediencia y no dudes de seguir las normas y reglas, recuerda que todos tus actos tienen consecuencias.
Aprende a escuchar, para que te escuchen.
Lo “prohibido” tiene su razón de ser, conoce los motivos y evita lastimarte.
Los padres nos ponen reglas porque nos aman, aunque a veces éstas nos parezcan tontas, nuestros padres y maestros lo hacen siempre por nuestro bien. Tomemos tiempo para pensar antes de actuar.
PARA LOS PADRES:
Los niños pueden aprender a ser obedientes cuando los padres les explican el por qué se solicita o prohíbe determinada conducta; para ello es importante tener claro las obligaciones y deberes de TODOS los miembros del hogar (padres e hijos).
Los hijos deben asumir las consecuencias de sus actos, eso involucra el motivar positivamente las conductas positivas.
Los padres también deben respetar las normas y reglas de la casa y de su centro de trabajo, el ejemplo es la mejor manera de enseñar.
PS. KARINA JIMÉNEZ